Los cenotes, las pirámides y otras maravillas del Caribe méxicano.

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La particular escena ocurre en el Museo Subacuático de Arte (Musa), donde exponen una colección de más de 500 esculturas sumergidas en el mar. Un lugar que parece otro planeta. Y Musa es una de las novedades de Cancún, un destino que, junto con su vecina Riviera Maya, recibe cada año a más de 14 millones de viajeros de todo el mundo.

Dueño de playas paradisiacas, de una naturaleza exuberante y bien conservada, y de un patrimonio arqueológico conocido en todo el mundo, este es de esos destinos que se reinventan para sorprender a sus visitantes. Viajamos hasta este famoso rincón mexicano y comprobamos que siempre hay nuevas cosas por descubrir.

Cancún, valga recordarlo, es el destino de México más visitado por los colombianos. Desde el 2012, año en el que México dejó de exigirnos visa, el turismo de nacionales hacia dicho país se ha multiplicado.

Xoximilco, la mejor fiesta:
El mejor lugar para vivir una fiesta al estilo mexicano es Xoximilco, en la ciudad de Cancún, una atracción que abrió sus puertas al turismo del mundo en el 2014 y que ha sido todo un éxito. Es un destino que combina lo mejor de este país: la música y la comida –ambas cosas Patrimonio de la Humanidad proclamadas por la Unesco–, la fiesta y la alegría de su gente.

La actividad comienza a las 7:30 p. m. Pero se puede llegar una hora antes y darse una vuelta por la iglesia franciscana, pintada de vinotinto, donde se destaca una imagen de la Virgen de Guadalupe elaborada con las enredadas raíces de un árbol de jabín, que abunda en la región.

El preámbulo corre por cuenta de un grupo de música de cuerda y por una degustación de antojitos mexicanos como los esquites de maíz o elote desgranado, preparado con mantequilla, queso rallado y hierbas aromáticas. Le ofrecerán una refrescante agua de Jamaica y también un trago de tequila.

Musa: otro mundo bajo el mar:
¿Se imaginan un museo en las profundidades del mar? Existe en el fondo de las aguas cristalinas del Caribe mexicano, entre Cancún, Isla Mujeres y Punta Nizuc, y es un lugar que parece otro planeta. Uno de esos sitios que hay ver antes de morir.

Se llama Museo Subacuático de Arte (Musa) y nació en el 2009 como una idea de tres amantes del universo marino: Jaime González Cano, director del Parque Marino Nacional; Roberto Díaz Abraham, entonces presidente de Asociados Náuticos de Cancún (ahora gerente de AquaWorld Cancún) y el escultor inglés Jason deCaires Taylor.

La idea era crear un museo submarino, y comenzaron con unas pocas esculturas de concreto y fibra de vidrio. Hoy, es una de las mayores y más ambiciosas atracciones submarinas del mundo, con más de 500 esculturas permanentes de tamaño natural.

“Todas las esculturas fueron puestas en zonas de arenales donde no había nada. Pero la naturaleza, los peces, los corales y las esponjas las han llenado de vida y convertido en su refugio”, dice Díaz Abraham, y explica que el principal objetivo del Musa es dar un mensaje sobre conservación ambiental.

Una auténtica experiencia maya:
Un chorro de luz rompe la caverna, dispara una línea recta e ilumina un pozo de agua azul que termina pintada de dorado. Esa es la imagen que recibe a los viajeros que llegan hasta el Cenote de la Vida, en la población de Tres Reyes, en el estado de Quintana Roo, a una hora y media de Cancún.

Los cenotes son pozos de agua cristalina conectados a ríos subterráneos, un ecosistema único de la península de Yucatán, donde se cuentan más de ocho mil. Además, son lugares sagrados para los mayas.

El Cenote de la Vida forma parte de una de las excursiones de Alltournative, agencia de viajes que se ha enfocado en brindarles experiencias más auténticas a los turistas, sin puestas en escena. Es decir: solo la gente, la naturaleza y el patrimonio arqueológico.

Y lo mejor es que en su propuesta trabajan de la mano de las comunidades mayas, que históricamente se han quejado de ser excluidas de la industria turística en su propio territorio. Salimos de Cancún a las 8 a. m. Hora y media después, en la comunidad de Tres Reyes, empieza la aventura con un descenso en rapel de unos 15 metros hacia un cenote al aire libre, que hace años era un basurero –hay cenotes al aire libres y otros subterráneos.

Da un poco de susto, pero los guías –que son nativos mayas– cuentan con el entrenamiento y los equipos para brindar la seguridad del caso. Los fotógrafos, también mayas, están listos para capturar las mejores imágenes de los viajeros.